Después de las Cruzadas “Las cruzadas Modernas”

Hace poco más de nueve siglos, el 27 de noviembre del año 1095, el Papa Urbano II, utilizando como parte de su discurso el famoso versículo de la Biblia que reza“Toma tu cruz y sígueme”, comenzaba un capítulo de la historia que tendría repercusiones y efectos que llegan hasta nuestros días. La división entre el Cristianismo y el Islam se hacía más evidente que nunca y el mundo se partía en dos grandes polos que parecen no haber cambiado mucho con el paso de los días.
Oriente y Occidente. La historia tradicional nos cuenta que bajo la bandera del Cristianismo, se unirían los reinos occidentales para enfrentarse al “Gran enemigo” de Oriente y de esta manera poder rescatar los territorios que por derecho pertenecían a la Iglesia del “único Dios”. Por otro lado, autores como Robert Spencer y Thomas Madden, replantean esta versión y proponen que en vez de ser una campaña invasora por parte de Occidente, era una campaña defensiva, ya que el crecimiento de los califatos islámicos amenazaba con cruzar las fronteras bizantinas que de alguna forma salvaguardaban a la Europa de la edad media.

Sea cual sea la causa de este llamamiento al enfrentamiento entre estas dos partes, hay un discurso común que es la bandera para realizarlo. Algo que une a los pueblos, algo que está por encima de todo lo demás. En este caso se trataba de la religión, por lo menos para el habitante común y corriente, ajeno a la visión política y económica de los que estaban en el poder. Las clases dirigentes han sido muy hábiles siempre para crear y sembrar estos sentimientos fervorosos entre los pobladores de sus pueblos, reinos y naciones a través de la historia.

En la historia más reciente puede la religión no es la única bandera utilizada para estas causas, hay que agregar nacionalismos desmedidos que se construyen a partir de ideales socioeconómicos y se cultivan por medio de canales que abarcan amplios espectros, incluídos los deportes, orígenes raciales, y el entretenimiento que brindan los medios de comunicación. Un clásico ejemplo de esto fue la creación del Tercer Reich que dio origen a la segunda Guerra Mundial. Y así podemos encontrar miles de casos en los que los seres humanos nos lanzamos en contra de otros bajo banderas de diferentes índoles. Los ecos de las antiguas cruzadas siguen manteniéndose a lo largo y ancho de nuestro planeta. Hace no mucho, el ya fallecido dictador Libio Muamar el Gadafi usaba el término “Cruzados” para referirse a las fuerzas “pacificadoras” de la OTAN.

Incluso desde septiembre de 2011 después del atentado en contra de las torres gemelas en los Estados Unidos, se escuchan en los discursos de los dirigentes actuales, los mismos conceptos que ya mencionaba al comienzo de este artículo. El 16 de septiembre de 2011 el presidente G.Bush, en su famoso discurso de la guerra en contra del terrorismo, llamaba a los países aliados de occidente de la misma forma en que Urbano II llamaba a sus súbditos siglos atrás. También varios dirigentes militares de los Estados Unidos en entrevistas públicas se refirieron a las fuerzas de Saddam Hussein como las fuerzas de Satán durante la guerra del Golfo Pérsico en los años noventa.

Irónicamente, los grupos radicales islámicos, llaman de la misma forma a las fuerzas de Occidente. El tinte religioso sigue en el aire. El odio sigue presente, las disputas por territorio no cambian, la sed de poder y control y de querer demostrar quien tiene la razón, siguen alimentando los conflictos. Todo bajo el falso pretexto de quien es bueno y quién es malo. Ya sabemos que la historia varía según el lado al que pertenecemos, y mientras no tengamos pleno conocimiento de esto, pasarán los siglos y nada va a cambiar. Las clases dirigentes que tienen el poder seguirán alimentándonos con lo que ellos necesitan que oigamos, que vivamos, que consumamos.

Es una gran utopía pensar en un planeta sin conflictos, pero vale la pena replantearnos la forma en la que vemos al mundo.
Intentar ver desde los ojos del otro, tratar de ver la historia completa y no solo desde la perspectiva de lo que nos quieren mostrar. Vale la pena ir por el sendero del medio y pensar por nosotros mismos. Tener la capacidad de discernir y no caer en la peligrosa trampa de lo que piensan las masas es muy importante, sobretodo en un mundo que está tan globalizado.

No hay nada más peligroso que las histerias colectivas.

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